(Manolito Gafotas 02) Pobre Manolito by Elvira Lindo

(Manolito Gafotas 02) Pobre Manolito by Elvira Lindo

Author:Elvira Lindo
Language: es
Format: mobi
Tags: Narrativa Juvenil
Published: 2010-04-25T23:00:00+00:00


Supermán-Olito

Mi madre y la Luisa estaban encantadas con que el lunes pusieran en la tele Supermán. No es porque sean unas fanáticas de Supermán, no te equivoques, ellas pasan de hombres voladores; es que cuando echan Supermán pueden irse tranquilas a la calle: saben que el Imbécil y yo estaremos atornillados al sofá hasta que salga un The End como una catedral.

Media hora antes de que mi madre se fuera la casa se llenó con el ruido de sus tacones y de una colonia que le compró mi padre para ahuyentar a todos los hombres del mundo. Al rato subió la Luisa a buscarla: los tacones se multiplicaron por dos y también las colonias. El Imbécil dijo:

—El nene huele a peste.

Al ver que mi madre y la Luisa se tronchaban les dije:

—Si llego a hacer yo ese comentario me hubierais asesinado.

Y mi madre se quejó a la Luisa de que yo la tenía frita, que estaba todo el día pendiente de mi hermano para chincharle y que con hermanos como yo el mundo siempre estaría en una guerra civil, y terminó su terrible discurso gritando:

—No te preocupes, porque verás Supermán tú solo; al nene nos lo llevamos nosotras, para que no te moleste, que parece mentira que sea tu hermano, la manía tan grande que le tienes.

Entonces el Imbécil tuvo un gesto humanitario que yo nunca olvidaré: se quitó el chupete para decir:

—El nene quiere con Manolito.

Mi madre se quedó mirándonos como si fuéramos los hijos de su peor enemiga.

—Vamonos —le dijo a la Luisa—, y que se maten entre ellos.

Dieron un portazo y los dos nos tiramos hacia la ventana. No íbamos a decirles adiós, estaría bueno, íbamos a abrirla porque estábamos a punto de morir asfixiados por la mezcla de aquellas dos colonias mortíferas.

No le deseo a nadie que se quede encerrado con la Luisa y su colonia en un ascensor. Me estoy reservando ese argumento para cuando me haga director de películas de terror: La enigmática asesina del ascensor. Esa será la historia con la que daré el salto a la fama.

Esos pensamientos ocupaban mi mente cuando sonó la música de Supermán. Nos volvimos como poseídos por una fuerza superior al sofá. El Imbécil enterró su chupete en el azúcar y se me echóencima; yo me llené la boca de chococrispis y pensé que si no fuera porque tenemos que compartir a los mismos padres, el Imbécil sería el mejor hermano del mundo. No estuve pensando eso mucho rato; comprenderás que ponerse a pensar en tu familia viendo Supermán es una tontería muy grande.

Íbamos por la mitad de la película cuando, de repente, la tele empezó a tener graves interferencias. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que el cielo estaba negro y llovían piedras. Se oyó el trueno más grande de mi vida en este Planeta y nuestra casa tembló. Al Imbécil también le empezó a temblar la barbilla. Cuando al Imbécil le tiembla la barbilla es porque llora con el corazón, no como esas veces que se pone a llorar por fastidiar.



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